Google+ Followers

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Qué hemos hecho con Luxemburgo: promocionar a Juncker

En mi anterior entrada en este blog contaba cómo gran parte de los ciudadanos del mundo occidental habíamos descubierto de golpe a Luxemburgo. Un país discreto, algo muy acorde con su ubicación centroeuropea. En las semanas posteriores, curiosamente, hemos contemplado unos movimientos que ahora resumiré y que me hacen pensar que hay muchas cosas que se nos ocultan a la mayoría de los mortales. Sobre esto hablo en mis libros (enlace aquí).

Los días posteriores a la revelación de los ya famosos tax ruling, acuerdos confidenciales de Luxemburgo con empresas multinacionales suscritos entre 2002 y 2010, las miradas se han dirigido hacia una persona. Jean-Claude Juncker, actual presidente de la Comisión Europea, fue Primer Ministro de Luxemburgo durante ese periodo. Pocos días después de la revelación de los acuerdos, el mencionado aprovechó un pleno de la Comisión para explicar que él no ha sido el arquitecto de dicho modelo. Algo con lo cual pocos discreparán; se entiende que la labor de un primer ministro no es idear una estrategia fiscal, aunque sí es su responsabilidad que se aplique correctamente, como así ha sido. De hecho, se da por sentado su presencia en la negociación con todas las multinacionales que suscribieron estos acuerdos preferentes en su pequeño país.

Pues bien, tras estos primeros movimientos, llega lo que, al menos para mí, está fuera de toda lógica. Los dos principales grupos en el Parlamento Europeo, populares y socialistas, respaldan al actual presidente. Han utilizado para ello argumentos como que no es el primer país que realiza estas prácticas. Con ello parecen olvidar que Luxemburgo es miembro fundador de lo que ahora es la Unión Europea, en su constitución hace más de sesenta años. Y lo que se ha revelado ahora es, claramente, un caso de competencia desleal frente a sus socios en dicha institución, y esto sí es grave. Además, estas prácticas han sido reveladas ahora a los ciudadanos normales, pero ya eran conocidas en otras instancias, el número de empresas de inversión y bancos ubicados en este pequeño ducado no son ningún secreto. El mismo Juncker ha preguntado por qué se le cuestiona por este tema justamente ahora que ha sido nombrado Presidente de la Comisión Europea. A mí se me ocurre una respuesta evidente: alguien que ocupa su puesto, representando a todo un continente, debería tener una reputación de imparcialidad y buenas prácticas que no concuerda con lo que ahora sabemos de él. Podría decirse, siendo poco sutil, que su trabajo hasta ahora ha consistido en traicionar a sus socios comunitarios con la agresiva política fiscal que ha llevado a cabo. En su autodefensa, otra de las controvertidas declaraciones que ha realizado es que, desde hace años, siempre ha mantenido una postura pública que aboga por la armonización fiscal a nivel europeo. Esto puede entenderse como que, sabiendo que cada país hace lo que quiere a nivel fiscal, ellos se han puesto a la cabeza. Pero, en mi opinión, lo hacen a demasiados pasos por delante del resto, entrando claramente en el terreno de la competencia desleal. Quizá en el futuro tengamos más revelaciones de otros países europeos que realicen prácticas similares, pero en este momento, lo de Luxemburgo parece ciertamente escandaloso. Y más aún el apoyo por parte de la mayoría del parlamento. Por qué le protegen es, al menos a nivel público, un misterio.

En vista de la posición de apoyo mayoritario de la que disfruta, al menos han sido los grupos minoritarios -conocidos como euroescépticos, o eurófobos- los que han decidido plantear una moción de censura. Es decir, el planteamiento es justo el contrario a la lógica: los grupos que defienden la desigualdad y el separatismo europeo, son los que plantean la dimisión de Juncker -que ha fomentado justamente eso, que cada uno vaya por libre-. Y los grupos que se muestran a favor de la cohesión, son los que quieren que Juncker siga al frente. Con lo cual, me reafirmo en que hay muchas cosas, demasiadas cosas, que se nos ocultan. Porque, si no, no hay forma de entender estas posturas.

Como colofón a tanta incomprensión, dado que el resto de socios en la Unión Europea ha permanecido callado durante años ante esta clara asimetría, y algunas más -como el tratamiento a la banca que se está dando en cada país-, creo que la impresión al mundo que está dando este organismo es obviamente negativa. A los ciudadanos se nos ha contado durante muchos años que la unión generaba ventajas para todos, pero cada vez da más la impresión de que cada país intenta moverse por su cuenta. A costa, muchas veces, del resto de sus socios europeos. El futuro dirá si esta tendencia cambia, pero hoy en día, da la impresión de que cada país trata de hacer la guerra por su cuenta.



viernes, 7 de noviembre de 2014

Y qué hacemos con Luxemburgo

Esta semana, en la rueda de noticias económicas que parecen pensadas a propósito para cabrear al personal -me refiero a los sufridos lectores de clase media-baja, ahora más baja que media- le ha tocado el turno a Luxemburgo. Por qué se destapan ahora estas informaciones, conocidas desde hace años -como los escándalos de los Pujol Ferrusola, ya tratados en este blog, o como el caso de las tarjetas de Caja Madrid- es otro asunto interesante, que trataré en otra entrada. El caso es que ahora, parece ser, toca Luxemburgo. Y toca hacerse con uno de mis libros -enlace aquí- que tratan de temas como este.

Volvamos a Luxemburgo, precioso país situado en el corazón mismo de Europa. En una cascada de noticias, nos hemos enterado de golpe y porrazo de varias cosas, a saber: que muchas de las principales multinacionales que trabajan en nuestro país "se llevan" sus beneficios a sus empresas matrices, domiciliadas en Luxemburgo, encubiertos como intereses de supuestos préstamos que permitían a estas multinacionales trabajar aquí. De este modo, aquí declaran pérdidas porque esos supuestos intereses siempre superan al beneficio que hubiesen podido obtener en nuestro país. Con esta maniobra, no sólo no pagan impuestos por sus beneficios reales, sino que evitan pagarlos en el futuro, hasta que "se recuperen". Cosa que, evidentemente, no va a pasar nunca, si se mantiene la operativa descrita. A cambio, las empresas matrices en Luxemburgo pagan un interés irrisorio por un beneficio que, ciertamente, debe de ser brutal, ya que aglutina los de todas sus filiales europeas.

Pero hay más. Parece ser que, además de las multinacionales, los grandes fondos de inversión del mundo operan desde Luxemburgo. Parece ser que este pequeño país -sería la tercera provincia más pequeña si estuviera en España, sólo por delante de Álava y Guipúzcoa- es el segundo del mundo en el que más fondos de inversión están radicados, detrás de Estados Unidos. Casi nada. Del mismo modo que en el caso de las multinacionales, esta operativa está amparada mediante acuerdos a la carta con las autoridades de Luxemburgo. Estos acuerdos se denominan tax rulings, y son negociados individualmente para cada entidad que quiere domiciliarse en el país. Y, además, son secretos. Para entidades de gran tamaño como las que se incluyen en estos dos apartados, se intuye que la tributación puede ser inferior al 1% -como se ha mencionado, el acuerdo de tributación es individualizado y secreto-. Dado el volumen de negocio que manejan estas empresas, es fácil entender que este país presente uno de los PIB per capita más elevados del mundo.

Todo lo anterior podría parecer relativamente normal si estuviésemos hablando de un paraíso fiscal. Sin embargo, no es así. Luxemburgo es un país miembro de la Unión Europea, igual que España, y no es considerado paraíso fiscal. Las razones por las que no lo es hacen pensar, una vez más, cómo los políticos y demás gestores están bajo la influencia de los grandes capitales. Una vez hecho público el escándalo y siendo conocido por la ciudadanía, entonces sí, las instituciones públicas empiezan a mover su pesada maquinaria. La Comisión Europea anunció ayer que va a investigar el caso. No lo va a tener fácil, ya que, para colmo, el actual presidente de la comisión fue en su día primer ministro luxemburgués. Demasiados intereses cruzados como para que haya una resolución clara y contundente en contra de estas prácticas, como sería oportuno. Una vez más, se cumple el dicho de que quien parte y reparte, se lleva la mejor parte.