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jueves, 19 de diciembre de 2013

Los jueces y el fútbol



Los últimos días han abundado las noticias relativas a qué hay más allá de lo que vemos de estos grandes hombres que dirigen los destinos de un banco, o de una región, o de un país, mostrando que son más parecidos a la gente corriente de lo que parece en ocasiones. Es de esto de lo que hablo en mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí). Por ello, he seguido estas noticias con sumo interés.

Lo primero que me llama la atención -si es que puede usarse esa expresión a estas alturas, ante el esplendor de la decadencia moral humana que venimos contemplando desde hace tiempo- es la ingente cantidad de personalidades públicas que están pasando en estos días por los juzgados. Los otrora admirados personajes, pasan ahora a ser vilipendiados por muchos, y en general, pasan a ser vistos de otra forma por la gran mayoría, al ponerse sobre la mesa sus comportamientos, tan humanos como los del más común de los mortales. Aunque, sin duda, seguirá habiendo muchos que les apoyen y arremetan contra quienes les han acusado, argumentando que es todo una persecución, y que hay gente mucho peor por ahí. En fin, está claro que, en esta vida, cada uno se cree lo que quiere creerse. Sobran ejemplos de ello.
Lo siguiente que me llama la atención es la actitud que prácticamente todos los acusados y/o condenados muestran ante su situación. Casi sin excepción, la gran mayoría insiste en “su” versión. Es decir, ellos son grandes hombres –políticos, empresarios, abogados,…- y nada malo han hecho. Los malos son quienes les acusan. Y eso que, en ocasiones, las pruebas contra ellos –divulgadas por los medios de comunicación, grandes animadores de los juzgados en los últimos tiempos- podrían calificarse como demoledoras. Pero ellos parecen ignorarlas, en un intento quizá de lograr que el tribunal haga lo mismo. No hay que olvidar que los jueces tienen el inmenso poder de desestimar pruebas, declaraciones e incluso testigos, según su criterio personal. Un criterio que, en principio, debería estar dictado por el Derecho –entendido, como dice la Real Academia, como el conjunto de principios y normas expresivos de una idea de justicia y orden que regulan las relaciones humanas en toda sociedad-. Justicia y orden son dos palabras muy grandes; quizá demasiado, ya que, dependiendo de quién esté sentado en lo más alto del tribunal, parecen significar cosas muy diferentes. 

Y, al otro lado del escenario, millones de espectadores contemplamos atónitos las actuaciones de jueces, abogados, fiscales, acusados y testigos. Todo mostrado bajo el prisma del correspondiente medio de comunicación, que apoyará o atacará la cuestión de que se trate en función de los intereses que defienda. Es decir, se reclamará justicia y orden en los casos en que la cuestión sea favorable, y se clamará la existencia de una persecución, y de una injusticia a todas luces, en el caso contrario. 

Este panorama, tal cual lo he descrito aquí de forma simplificada, observo que presenta bastante correspondencia con otro, más lúdico, que también se nos muestra habitualmente en los medios de comunicación, y que en ocasiones suele tener alto impacto: se trata de los partidos de fútbol. En ellos, podemos identificar claramente la figura del juez y sus ayudantes, de los acusados y acusadores –afortunadamente, son sólo una parte de los jugadores que deambulan por un campo de fútbol- y, finalmente, todos los espectadores que presionan, mucho más directamente aquí, a los jueces de la contienda. 

En efecto, estos jueces también vemos en ocasiones que toman decisiones poco justificadas, o que parecen cambiar de criterio en un momento dado sin que haya más explicación salvo que, quizá, se hayan dado cuenta de que en otra ocasión anterior se equivocaron, y pretenden compensar el error anterior. Además, podemos ver cómo los acusados niegan los hechos cuando se les pregunta al final del partido, aun a pesar de la evidencia mostrada en forma de repetición de una cierta jugada. Tampoco es extraño que se aluda, aunque de forma indirecta, a que pasan cosas muy raras con ese árbitro, o a que siempre se les castiga a ellos, o a que otros son los que siempre son favorecidos… Resulta triste ver que, en ocasiones, los miembros de los dos equipos estén más ocupados en engañar al árbitro que en hacer bien su trabajo. De nuevo, la justicia y el orden aparecen en boca sólo de una de las partes, la que resultaría beneficiada si se aplican. 

De forma similar a la justicia ordinaria, la justicia deportiva también admite recursos ante instancias superiores. Afortunadamente, esto sólo aplica en el caso de sanciones, entendiéndose que los resultados de los partidos son inamovibles –a pesar de la considerable influencia de las decisiones arbitrales en los mismos-. Algo es algo. En estos días, cualquier ciudadano de a pie puede intuir el conjunto de intereses que confluyen en el entramado judicial, bastante alejados de lo que en realidad debería estar detrás de las decisiones –las ideas de justicia y orden-. Con este panorama, casi es mejor que el fútbol siga siendo así.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Álvarez, Hidalgo y Gullón: asuntos de familia



Quien haya leído mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí) entenderá perfectamente por qué hoy quiero hablar de varias noticias, todas ellas de similar contenido. Se trata, como he leído en alguna de ellas, de un caso típico de los que se estudian en las escuelas de negocios sobre la sucesión en empresas familiares. El asunto tiene, efectivamente, bastante relación con lo tratado en el libro.

Comenzaré por el final. Esta semana, los medios de comunicación se han hecho eco de un nuevo capítulo en las disputas entre el empresario David Álvarez y varios de sus siete hijos. En concreto, con cinco de ellos, a los que el patriarca apartó de la gestión del grupo empresarial Eulen hace unos años y que ahora le han devuelto la jugada. Todo arranca en 2009 cuando, ya siendo octogenario, el fundador del conglomerado decidió casarse por tercera vez –sus dos primeras mujeres han fallecido- y varios de sus hijos aprovecharon para animar al fundador a retirarse de la gestión de Eulen. Sus siete hijos son fruto del matrimonio con su primera esposa, y a algunos de ellos no debió de gustarles la idea de ver a su padre otra vez rejuvenecido junto a su secretaria –su segunda esposa también lo era-. Sin embargo, en lugar de atender a los deseos de sus hijos, el padre hizo todo lo contrario, introduciendo en Eulen nuevos consejeros independientes y retirando a sus cinco hijos del consejo. Casi cuatro años después, éstos se han vengado: han vendido sus acciones en Eulen –que todavía conservaban- a otra sociedad, denominada El Enebro, que el padre creó en exclusiva para sus siete hijos, por la cantidad de 80 millones de euros. De este modo, esos 80 millones pasan a formar parte de la deuda de El Enebro, que abona a los 5 hijos esa cantidad –repartiéndose la nada despreciable cantidad de 16 millones por cabeza-. Esta semana, el padre se lamentaba públicamente, acusando a sus hijos de vaciar El Enebro; aunque esta empresa es la propietaria de varias bodegas –Vega Sicilia entre ellas- y una empresa cárnica, es difícil precisar cuántos años harán falta para sanearla tras estos 80 millones de deuda.

Mirando sólo unos meses atrás en el tiempo, encontramos la segunda de las noticias. Otro gran conglomerado empresarial, Globalia, atraviesa tiempos de incertidumbre accionarial, dado que todos los accionistas minoritarios están planteando salir del mismo. Entre ellos, los tres hijos del fundador y presidente, Juan José Hidalgo. Su único hijo varón, Javier, ya lo hizo a comienzos de año, vendiendo su 5% al conocido empresario Abel Matutes por entre 20 y 30 millones de euros. Ahora, sus dos hermanas, se plantean hacer lo propio. Los tres ocupan diferentes cargos en las empresas del padre. Sin embargo, hasta ahora sólo habían sido públicas las diferencias entre el padre y su hijo Javier, empeñado continuamente en abrir nuevos horizontes empresariales alejados de la sombra del padre. Tanto, que en algunos artículos se habla de complejo de Alejandro. Tratándose de dos personas altamente extrovertidas, no es de extrañar. Javier tiene demostrada afición a la noche y a organizar exclusivas fiestas. Su padre es el típico hombre hecho a sí mismo, que empezó desde la nada, sin estudios, y que ahora es capaz de plantarse a contar su historia en el Foro Europa, improvisando su discurso –ya que hablar espontáneamente es lo que se le da mejor, como él mismo reconoce-. Planteadas las divergencias entre padre e hijo, como digo, el hecho de que también sus hijas hayan decidido vender es lo que me lleva a incluir este caso en la entrada de hoy.

Por último, un ejemplo algo distinto a los anteriores, pero igualmente relacionado con el salto generacional: el caso de la familia Gullón. Aquí, el puesto de presidente lo ocupa una mujer, María Teresa Rodríguez, viuda del fundador, José Manuel Gullón, fallecido en accidente de tráfico en 1983. La matriarca ha otorgado su plena confianza al primer ejecutivo, Juan Miguel Rodríguez Gabaldón, en oposición a los deseos de sus tres hijos varones –su única hija sí está de su lado-, que llegaron a retirar los poderes a su madre y a despedir al directivo. Por desgracia para ellos, su madre recuperó el poder y restituyó al primer ejecutivo, quien además recibió una indemnización por despido improcedente de nueve millones de euros. La primera junta de accionistas que tuvo lugar tras estos hechos, a finales de 2010, tuvo que celebrarse en el interior de un coche, el Mercedes de la presidenta, con el cartel “Junta Extraordinaria de Accionistas de Gullón” en el parabrisas, y ante notario, ya que el guardia de seguridad impidió el acceso del vehículo a la sede de la compañía, por indicación de uno de los hijos “rebeldes”. Los hijos acusan al primer ejecutivo de enriquecerse a costa de la empresa, mediante diversas maniobras, como comprar unos terrenos adyacentes a la fábrica para venderlos a la compañía por un valor diez veces superior. Esta maniobra ha sido defendida por la matriarca, que explicó que el directivo había actuado en bien de la empresa, asegurando con la compra de los terrenos que la fábrica pudiera ampliarse en el futuro. La presidenta lleva confiando en el directivo durante cerca de treinta años, y los números de la empresa no dejaron de mejorar en todo ese periodo, incluso en los ejercicios 2009 y 2010, después de los disparatados sucesos mencionados.

Los tres casos anteriores, con todas sus particularidades, comparten una evidente característica: el desencuentro intergeneracional. Ya sea entre padres e hijos, padres e hijas, o madres e hijos. Es evidente que no es el mismo caso el del presidente de Eulen, reacio a abandonar el poder a pesar de estar a punto de cumplir 87 años, que el de Gullón, en el que la matriarca, de 70 años, tiene delegada su confianza desde hace más de 20 en el primer ejecutivo. Sin embargo, lo que me parece más interesante es la negativa de los cabezas de familia –bien entrados todos en una edad en la que un trabajador normal ya se encuentra jubilado- a delegar en la siguiente generación. Y hablamos, en todos los casos, de hijos introducidos muchos años en el negocio familiar, perfectos conocedores del mismo e incluso con rasgos emprendedores, como se ha visto en alguno de los ejemplos.

Esta decisión de mantener el poder hasta una edad bastante avanzada parece una tendencia bastante generalizada, ya que se pueden encontrar ejemplos similares en otros ámbitos diferentes a la gran corporación privada. Y la conclusión que saco de todo ello es que estas personas, líderes incuestionables y de más que probado éxito, acaban aferrándose tanto a sus logros y a lo que han conseguido que luego les resulta imposible separarse de ello. Su empresa acaba siendo una parte de ellos mismos, y se revuelven con furia contra cualquiera –incluidos sus propios hijos- que pretenda cambiar el statu quo. Alguien podría decir, con razón, que están en su derecho, ya que se trata de imperios empresariales creados por ellos, en muchos casos a partir de la nada. De modo que se trata de su creación. Y, con más o menos acierto, podrán pensar que la siguiente generación no será capaz de gestionar el negocio igual que lo hacen ellos.

Aunque así fuese, es evidente que estos líderes, hechos a sí mismos, han carecido de formación sobre gestión empresarial, porque olvidan uno de los puntos más importantes en la gestión de un imperio: garantizar la sucesión -sea o no de la propia sangre- y realizar la transición de una forma lo menos perjudicial posible para la empresa. El hecho de que estos grandes personajes obvien esa faceta tan importante en un líder, da que pensar: quizá en el fondo se hayan convertido en adictos al poder, y son incapaces de cederlo a otro. O, en otra interpretación que veo más verosímil, quizá se trate del miedo a la jubilación. Se trata de personas que han estado dirigiendo sus empresas durante cuarenta, o cincuenta años y, llegados a ese punto, ya no saben –ni seguramente quieran- hacer otra cosa. Pero, dado que muestran tanto aprecio a su creación, es curioso que no dediquen una parte de sus energías a asegurar la transición. Máxime, cuando en algunos casos el patriarca está mostrando claras indicaciones sobre su sucesión; en el caso de David Álvarez, todo apunta hacia su hija María José, una de las dos que siguen fieles a su padre. En el caso de la familia Gullón, idéntico caso: Lourdes, la única hija que ha permanecido del lado de su madre. En mi opinión, hacer una transición ordenada, tras la cual el patriarca se mantuviera como asesor del nuevo líder, sería una estupenda culminación a su obra, pero esta parece no ser la idea de estos grandes líderes.

Por último, algo que también me llama la atención. Casi sin excepción, estos magnates, a fuerza de emplearse con todas sus energías en su negocio, han ido descuidando a lo largo de su vida su faceta familiar. Y, en especial, un rasgo esencial de la relación entre padres e hijos: la comunicación. Es posible que pensaran que lo hacían en pos de una causa que consideraban superior, como dedicarse a crear un imperio empresarial. Sin embargo, vistos los resultados, creo que en muchos de estos casos de desavenencias familiares, todo puede partir de un problema de comunicación –más bien, de falta de ésta-. Del mismo modo que puede ocurrir en una familia normal, sin intereses empresariales, en la que una falta de comunicación hace que cada uno camine en una dirección diferente al resto, creo que en estos imperios la desaparición del fundador puede suponer el comienzo del fin. Y todo, quizá, por un problema de comunicación.

jueves, 31 de octubre de 2013

Las noticias de actualidad y los libros



Después de varios meses de silencio vuelve la actividad a este blog, dedicado a comentar noticias de actualidad que tienen algún tipo de relación con mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí).

Lo cierto es que los medios de comunicación proporcionan multitud de noticias de actualidad que pueden tener relación con lo tratado en el libro. Algunas materias afines, que todos podemos identificar en las noticias casi cada día, pueden ser: tráfico de influencias por parte de cargos políticos, imperios empresariales llevados a la ruina debido a una mala gestión, grupos de poder capaces de ejercer influencia sobre procesos económicos aparentemente ajenos a ellos…

Sin embargo, hoy no voy a comentar ninguna noticia concreta de la actualidad –a pesar de que abundan los ejemplos, como he indicado- sino que voy a hacer referencia a todas ellas en conjunto. Es decir, lo que me interesa hoy es resaltar la amalgama de situaciones que pasan por delante de nuestros ojos cuando echamos un vistazo a la portada de algún medio electrónico de comunicación, y los –posibles- sentimientos que pueden despertar en el lector. Mi idea es que, en el fondo, nuestras percepciones y sentimientos son parecidos a lo que se experimenta al leer un libro, sólo que con éste, al dedicarle más tiempo, nos podemos recrear más en nuestras sensaciones, y por ello los libros suelen dejar recuerdos más duraderos. La lectura de las noticias se ha convertido para mucha gente en una especie de producto de consumo diario, que se puede digerir con suma facilidad, por ejemplo, mientras uno se desplaza al trabajo utilizando un medio de transporte público. Aunque no siempre es así: también hay quienes dedican cierto tiempo a leer con calma ciertas noticias que, por cualquier motivo, les evocan algún tipo de sentimiento e incluso les llevan a una reflexión posterior.

Podemos comenzar por un primer tipo, a menudo el más morboso, formado por noticias de alto impacto negativo ocurridas en cualquier parte del mundo. Se trata de catástrofes naturales, accidentes de transporte, atentados terroristas, crímenes obra de algún perturbado o de grupos organizados… Noticias que, por un lado, pueden producir sentimientos de compasión, solidaridad con las víctimas, irritación por que se detecten indicios de negligencia o mala intención… O, por otro lado, sentimientos de oculta satisfacción por el hecho de que todas esas calamidades sean ajenas al ámbito del lector. En ocasiones, es inevitable comparar: si aquí no ocurren esas desgracias, en el fondo, estamos mejor que en todos esos lugares. Como indicaba antes, es algo parecido a lo que se puede sentir cuando vemos que los personajes de nuestra novela se encuentran ante graves dificultades: en parte, nos podemos solidarizar con ellos y contagiarnos de su tensión, pero en el fondo sabemos que estamos tranquilamente sentados mientras leemos las tribulaciones que padecen. Sentimos que a nosotros no nos puede ocurrir nada de eso… aunque a veces sí.

A continuación podemos nombrar otro grupo de noticias que, por sus características, suelen resultar más cercanas a un lector, digamos, promedio. Y que, debido a esta cercanía, pueden despertar sentimientos más vivos, y reflexiones más duraderas. Entre ellas, cómo no, las relativas a la situación política y económica en la ciudad, la región o el país del lector –en otras regiones del mundo, entiendo que hay mayor desconexión, como en el primer tipo de noticias-. Por ejemplo, la coyuntura económica actual, y las confrontaciones entre partidos políticos de orientaciones opuestas, suelen estar siempre presentes en los medios de comunicación. En nuestro contexto concreto, las noticias referentes a la corrupción y los múltiples procesos judiciales asociados a ella tienen sitio reservado en los medios prácticamente a diario. Claro está, estas noticias suelen desatar la indignación de la mayoría de los lectores. Más aún si la situación económica personal no es precisamente boyante, como le ocurre a mucha gente. En el paralelismo con los libros, podríamos decir que algo parecido nos ocurre cuando vemos reflejado en algún personaje una situación que hemos sufrido nosotros mismos, especialmente cuando vemos que está cometiendo un error que también nosotros cometimos en su día. O cuando es víctima de alguna injusticia frente a la que no puede hacer nada. En estos casos, la conexión emocional se agudiza y el vínculo creado es más intenso.

Por último –y afortunadamente-, también hay noticias que simplemente nos entretienen, aunque puedan tener alguna ligera connotación para el que las lee. Es el caso, por ejemplo, de las noticias deportivas, o de crónica social, o culturales, o científicas. Son noticias que gusta leer, por afición, aunque el deportista o equipo al que se anime sufra una derrota -tanto más agradables si se trata de una victoria-. Del mismo modo, las noticias del corazón, en las que cotilleamos en la vida de personajes famosos, sus aventuras y desventuras, suponen un entretenimiento en el que no se da prácticamente ninguna implicación personal, ya que el lector medio no tiene una vida parecida a la de las estrellas de cine, o la realeza internacional. Igualmente, las noticias culturales o científicas suelen resultar agradables de leer, más allá de que puedan tener alguna connotación positiva o negativa –por ejemplo, el fallecimiento de algún destacado artista-. Este tipo de noticias tendrían su paralelismo con partes de los libros que sentimos como totalmente ajenas a nosotros, porque no nos recuerdan prácticamente ningún aspecto de nuestra vida. Y, de este modo, se suelen leer con un sentimiento más neutro, al no mediar habitualmente las emociones.

Sin duda, el hecho de establecer categorías tan generales como las anteriores hace que las mismas estén abiertas a muchas excepciones. Pero mi intención es más bien establecer un paralelismo entre nuestras sensaciones al leer un libro –actividad a la que algunos se dedican en sus momentos de mayor tranquilidad del día- y otra actividad mucho más banal, como suele ser informarse sobre las noticias diarias.

viernes, 9 de agosto de 2013

Money for football



Gareth Bale’s possible move to Real Madrid has become one of the most discussed news this summer. Many reasons have contributed to this situation. First, he has recently won both young player and best player trophies, awarded by Professional Football Association. Second, his team, Tottenham Hotspurs, didn’t manage to play Champions League this coming season, and it is supposed to be an oral agreement between him and the club owners to negotiate in case an important bid for him is received. Third, after Neymar arrival to Barcelona this summer, Real Madrid are willing to strike back announcing another big impact acquisition. Four, the player’s interest in joining Madrid seems to be clear as he is not taking part in any game with Tottenham since the first days of july. Finally, it is unclear whether he will leave or not his club, as his manager, Vilas-Boas, has repeatedly said that he is not for sale.

Summertime is a low activity period for football in Europe, and most of the teams are preparing for the beginning of the season. Consequently, everything dealing on new acquisitions becomes relevant. In unique cases like this, given the importance of the player and the buyer, they can also generate lots of analysis and discussion. 

Several articles focus on financial capacity of Real Madrid to afford this operation, as it has been said that an unprecedented amount of money will be required. It seems that a £100m or similar bid has to be set on the table. Although Real Madrid is meant to be the richest football club in the world, and we are talking about the best player in the Premier League last season, it seems to be an excessive amount of money. Furthermore, UEFA has recently introduced the Financial Fair Play rules, which recommend expenses control at football clubs, in order to reduce their debts. Indeed, Real Madrid €650m debt is supposed to be one of the biggest ones.

At present, EU economies are facing a long recession period. Unemployment is high, hardship touches many families and it is unclear whether this situation will end soon or not. Within this context, undertaking projects involving stunning amounts of money doesn’t seem appropriate. Others might think that this is a way of driving excitement to people, at difficult times like these. There is no doubt on football capacity to generate emotions, and it is clear that millions of people are supporting Real Madrid worldwide. This is something clearly present on his leader’s minds, as they try year after year to get the best players in the world and thus keep fans excitement.

In conclusion, it may seem a not appropriate, not fair, and even not affordable operation, given the current economic context, but there are other considerations to be done. Social problems are surprisingly forgotten when football players go on stage. This may be the reason why, when money seems to be vanishing, there is a place where it is still present. There is always money for football.

viernes, 26 de julio de 2013

UK's royal baby



Prince George birth, cheered with no exception by british media, has become without a doubt current week’s informative star. This post deals on some aspects around him: his family background, his joyous first public appearance and, of course, his future, not a trivial matter for European monarchies.

Much has been written on what the crown’s heir will find in his kingdom when he becomes an adult. Big differences show up when you linger on European royal families. People in Belgium, Britain, Denmark, Liechtenstein, Luxembourg, Monaco, Netherlands, Norway, Spain and Sweden have specific characteristics; consequently, they have different opinions on their royals. Even though resilience at European monarchies has been proven, they are not immune. Recent scandals concerning tax evasion, influence on politics and corruption at Belgium, UK and Spain merge with social suspicion on politicians, decreasing people’s opinion on their leaders. Back on the british heir, given the fact that his father recently reached 31, he would become king in fifty years time, or even more. Many things can happen in such a long period of time.

British monarchy seems, at the same time, modern and old-fashioned. As in many others countries across Europe, marriage with a middle class partner has proven to be a good measure to increase royals popularity. In fact, Prince George will spend his first weeks, not in a royal palace, but at the Middleton’s manor house at Berkshire, as Kensington Palace is going to be remodelled. Very far from tradition, indeed. Prince George's royal ancestors were kept -and educated- at royal facilities for a long period of their lives.

Nevertheless, tradition is still very important. Queen Elizabeth must have played a decisive role in electing her third great grandson’s name, George. The Queen’s father and grandfather, both reigned with the name George. Some other details, i.e. the classic way in which the announcement was made to the world –the easel placed in front of Buckingham Palace- give an idea on how important tradition is still for British monarchy. Furthermore, the Queen, probably not willing to visit her great grandson at a private house, went to know the royal baby at Kensington. Then she departed to Balmoral, where she spends summers, whereas the Cambridges did the same towards Bucklebury, Middleton’s residence, as works are to be held at Kensington.

As a conclusion, tradition is still very present at the british royal family. May George change things in future or not, time will say.

viernes, 28 de junio de 2013

Snowden y Assange, caminos paralelos



La entrada de hoy trata sobre una noticia que lleva siendo actualidad desde hace varias semanas, y que todavía parece que lo seguirá siendo durante un tiempo. Se trata de la historia de Edward Snowden, héroe para algunos y criminal para otros. Curiosa dicotomía. ¿Puede alguien -por el mismo motivo- ser un héroe y un criminal? Por lo visto, sí. Y muchas cosas más. A menudo vemos situaciones de este tipo en las producciones cinematográficas americanas, pero parece que, una vez más, la realidad supera a la ficción. De esta ambivalencia también se habla en mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí).

Desde que Snowden filtró a la prensa información sobre el sistema norteamericano de vigilancia, se le ha relacionado con numerosos países: Hong Kong, región administrativa dependiente de China -donde se encontraba en el momento de publicarse en prensa sus revelaciones-, Rusia –donde aparentemente se encuentra ahora-, Islandia –donde manifestó que le gustaría vivir, al tratarse de un país que compartiría sus valores-, Cuba –país al que podría volar desde Rusia-, y Ecuador –país que podría concederle asilo político-. Para complicar la cuestión, Estados Unidos anunció hace días que ha invalidado su pasaporte, después de haber comunicado que las revelaciones de Snowden constituyen un asunto criminal. Todo ello, al más puro estilo de un thriller totalmente actual: el protagonista es un informático, que ha trabajado como consultor para la agencia americana de seguridad, y que en un momento dado decide divulgar documentos clasificados como alto secreto.

Aunque quizás un abogado diría que se trata de casos totalmente distintos, lo cierto es que esta situación recuerda, obviamente, a la de Julian Assange, perseguido también por Estados Unidos por la filtración de documentos diplomáticos, y que lleva más de un año residiendo en la embajada de Ecuador en Londres, en espera de obtener un salvoconducto para poder dirigirse hacia Ecuador, país que le concedió asilo político en agosto pasado. Y, aunque menos directamente, también muestra algún parecido con el caso de otro informático, Hervé Falciani, quien divulgó una lista de presuntos defraudadores fiscales con millonarias cuentas bancarias en Suiza. Acusado de vulnerar el secreto bancario y reclamado por las autoridades de ese país, al menos España y Francia se han beneficiado de la información que Falciani ha proporcionado. A pesar de la solicitud de extradición realizada por las autoridades suizas, el informático ha quedado definitivamente en libertad hace unas semanas tras una resolución de la Audiencia Nacional, en la que se ha valorado su colaboración en las investigaciones contra blanqueo de capitales y financiación del terrorismo. De modo que no correrá peligro de ser extraditado si no abandona el país. Asunto cerrado, al menos, judicialmente hablando.

Sin embargo, tanto los casos de Snowden como de Assange creo que son de peor pronóstico para sus protagonistas. Por un lado, el agraviado no es el neutralísimo estado suizo, sino los continuamente beligerantes Estados Unidos. Y, por otro lado, tampoco puede extraerse un beneficio tan evidente para nadie -salvo para la humanidad en general- de la información divulgada. En el caso de Assange, la información más comprometedora hace referencia a las guerras de Irak y Afganistan, en las que se denuncian delitos consentidos por los superiores norteamericanos en pos de la guerra contra el terrorismo. En el caso de Snowden, incluso, el sistema de vigilancia destapado ha sido votado en una encuesta como necesario por buena parte de la sociedad norteamericana, de cara a protegerse contra el terrorismo. En la misma encuesta, como conclusión, la mayoría indicó que Snowden debería ser juzgado.

En fin, no resulta fácil vaticinar cómo continuará el caso Snowden. Con qué apoyos cuente –la propia organización de Assange ha dado alguna señal de aproximación a él- será decisivo, ya que, como él mismo indicaba en una conversación telefónica, cuando la seguridad norteamericana va a por ti, es difícil esconderse. Sin embargo, dado que el tema de fondo del asunto Snowden es la libertad personal frente a la vigilancia gubernamental –aunque ésta se justifique, como en este caso, para prevenir actos terroristas-, se trata de un asunto en el que es complicado mostrar claramente autoridad moral. Este es un aspecto nada trivial en las decisiones de las autoridades norteamericanas, que probablemente justifica la tibieza con la que se están pronunciando hasta el momento. Son conscientes de que hay un debate moral que divide a su nación en dos; por ello, como también ocurre con el polémico asunto de la posesión de armas por civiles, lo más probable es que no tomen una posición plenamente beligerante. En un país tan marcado por la guerra civil que hubo en su día, los gobiernos parecen actuar en consecuencia y evitan tomar partido si no se sienten respaldados por una amplia mayoría de sus ciudadanos. En cualquier caso, el tiempo dirá.

viernes, 31 de mayo de 2013

La red social de los poderosos



En la entrada de hoy, retomo un tema ya tratado en su día en este mismo blog. En la entrada de noviembre: “Crisis, what crisis?” se hacía mención a varias noticias alrededor de la multinacional LVMH: el incremento constante de sus ingresos anuales a pesar de la crisis, el fichaje estrella de un director artístico de la competencia, y por último, el anuncio de que el propietario de este imperio, Bernard Arnault, había solicitado la nacionalidad belga, según decía éste, para realizar más fácilmente inversiones en ese país. La conclusión que indiqué entonces era que quienes pertenecen a los círculos de poder forman una red social propia, a la que se vinculan cuando adquieren su privilegiado status, y en la que se relacionan mediante intercambios de favores. Esto es algo que podemos comprobar en las noticias que aparecen en los medios cada día, simplemente analizando quién está detrás de cada decisión importante, y qué posición tuvo anteriormente. Es decir, los movimientos de cada uno dentro de la red social de los poderosos. En mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí), se trata este tema en detalle.

Como es lógico, el tema más controvertido de los tres que mencionaba en aquella entrada –la solicitud de la nacionalidad belga por parte del más acaudalado ciudadano francés- ha seguido produciendo noticias sin cesar. Unos meses más tarde, la oficina de extranjería belga, uno de los tres organismos que debían aceptar la solicitud de nacionalidad del millonario, se pronunció en contra, ya que consideraba que Arnault no había acreditado tres años de residencia en el país, requisito imprescindible para obtener la nacionalidad belga. También lo hizo la Fiscalía de Bruselas, y sólo hubo dictamen favorable de la oficina de Seguridad, al no existir antecedentes penales en su contra. De todos modos, hace algo más de un mes, el propio interesado retiró su solicitud, comunicando que la misma se había debido a su interés de proteger la integridad de su imperio en caso de que no hubiese acuerdo entre sus herederos si él falleciera. Aunque nunca se sabrá la verdad absoluta, algo puede haber de cierto en ello, según lo que indico a continuación.

Hace unas semanas, se ha publicado otra noticia (enlace aquí) donde se explica con cierto detalle el entramado sucesorio previsto por el magnate. Al parecer, hace cinco años creó en Bélgica una empresa que gestionaría su herencia en caso de que se produjese la desaparición repentina del fundador. El punto más importante de todo ello sería decidir quién sería el sucesor al frente del grupo empresarial. Un punto nada trivial, como es lógico, y para el que se postularían, en principio, sus cinco hijos, y también dos sobrinos que trabajan dentro de su imperio. Pero hay bastante más: el magnate decidió transferir a esa empresa belga el 90% de las acciones de su conglomerado empresarial, cediendo la mitad de las mismas a sus hijos, aunque manteniendo él en su poder el usufructo –beneficios, y derechos de voto derivados de las mismas-. A su vez, los hijos firmaron un compromiso de mantenerlas cierto tiempo una vez desaparecido el padre. En esta complicada operación, que fue aprobada en su día por el ministro de Economía francés, lo que se consigue es transformar una herencia en una donación, con la consiguiente rebaja fiscal del 45% al 6,5%. Pues bien, unos años más tarde, quien fuese ministro de Economía es ahora el presidente de la fundación que controlará el futuro del imperio una vez desaparezca el magnate; lo cual, además de una cuantiosa retribución, le dota de un poder de influencia que no sé si alcanzamos a imaginar. Qué coincidencia, ¿verdad? Aunque también se puede ver lo anterior como la devolución de un favor al que fuese importante político.  Aquí es donde esta entrada enlaza con la de hace unos meses: en la red social de los poderosos, los favores quedan anotados y, antes o después, se terminan devolviendo.

Como los grandes personajes son plenamente conscientes del seguimiento que se hace de sus movimientos y la repercusión que ello tiene en los ciudadanos, tras retirar su solicitud de nacionalidad, el magnate se quejó de las críticas recibidas en los medios de comunicación, diciendo que su contribución a las finanzas de Francia era mayor que la de cualquier otro, ya que su empresa paga 1.000 millones de euros en concepto de impuesto de sociedades. Teniendo en cuenta que en 2012 el grupo tuvo un EBITDA de 7.220 millones de euros, y un beneficio antes de impuestos de 5.729 millones –ambos beneficios en crecimiento continuo año tras año-, esto supone que, aproximadamente, el porcentaje tributado es de 17,5%. No parece ninguna barbaridad; a la mayoría de los simples trabajadores se les hace pagar bastante más que eso en impuestos. Además, el magnate sabe que, pagando todos los impuestos del grupo en Francia, tiene un arma de presión importante hacia el gobierno de su país cada vez que tenga que negociar con ellos cualquier asunto. Y, sobre todo, no olvidemos que quien está pagando esos impuestos es el grupo de empresas, con cargo al beneficio de las mismas. No se trata, ni mucho menos, de lo que paga el señor Arnault personalmente; lo que hace referencia a su patrimonio está sujeto a otros privilegios mucho más exclusivos. Como muestra este otro articulo (enlace aquí), Arnault no ha tenido que pagar ni un céntimo en impuestos a la hacienda belga, a pesar de haber declarado unos beneficios de 193 millones de euros entre 2009 y 2011. Parece ser que, merced a una ley belga de 2005, a condición de que la empresa esté creando empleos –aunque escasos- en el país, se condona el pago de impuestos, lo cual ha atraído ingentes cantidades de dinero a Bélgica en los últimos años. Es decir, no es preciso que el señor Arnault busque llevar su dinero a ningún paraíso fiscal; en la práctica, ha logrado ese mismo tratamiento en Bélgica, como indica el artículo, que, por cierto, cambia los porcentajes de la herencia-donación antes mencionados, aunque manteniendo un orden de magnitud aproximado –el 45% es aquí un 40%, y el 6,5% es aquí un 3%-. Paradójicamente, el artículo indica que, según la OCDE, Bélgica es el país europeo con cargas sociales más elevadas. Aunque no para el señor Arnault. Como acababa en mi entrada de entonces, la crisis no es igual para todos.

jueves, 23 de mayo de 2013

Sálvese quien pueda



La noticia que motiva la entrada de hoy es en realidad una entrada de un blog de un periódico nacional (enlace aquí) que, con un punto de humor, desgrana el conjunto de irregularidades cometidas en el préstamo concedido en 2008 por Caja Madrid a Gerardo Díaz-Ferrán, consejero de la entidad y presidente de la confederación de empresarios españoles. Hay que decir que, además, varios familiares suyos, así como varias empresas controladas por él, recibieron préstamos de Caja Madrid entre 2003 y 2010.  

El autor indica, con un criterio que comparto plenamente, que hace daño a la vista la lectura de las irregularidades cometidas. Se trata de sucesivas vulneraciones de los más elementales mecanismos de control del riesgo, como detalla en el artículo. Pienso que, además de a la vista, también hace daño al sentido común, y a la creencia, que cada día considero más en desuso, de que quienes consiguen llegar a la cima tras muchos años de carrera profesional lo hacen gracias a una mezcla de talento, apoyos y suerte. Definitivamente, pienso que en muchos casos de éxito es posible eliminar el talento de la ecuación. O bien, si hacemos el ejercicio de aplicar porcentajes, podríamos dejar uno muy pequeño, casi residual, para el talento; otro no muy grande para la suerte, y finalmente, poner la gran parte del peso en lo que casi siempre resulta ser lo más importante: los apoyos con que se cuente. En mi libro, Las aristas borrosas del éxito (disponible aquí), se puede ver también la influencia de esos factores. Aunque hay que reconocer que a veces la realidad supera a la ficción, y éste puede ser uno de esos casos: el conjunto de malas prácticas encadenadas es tan llamativo que puede ser difícil hasta imaginarlo. 

Dado que el beneficiario de los créditos –directamente, y por medio de otras empresas vinculadas a él- era consejero de Caja Madrid en aquella época, el artículo pone acertadamente la vista en el presidente de la Caja, precisamente juzgado en estos días por estos hechos, y quien ha pasado unas horas en prisión por otra operación más que sospechosa: la compra de un banco americano –también en 2008- por, aproximadamente, el doble de su valor de mercado.

Creo que a este personaje puede aplicársele también lo que indicaba antes. Es decir, a la vista de su historial, se trata de alguien que parece ser ciertamente competente: aprobó una oposición como inspector de Hacienda y ocupó en los siguientes años diversos cargos en los ministerios de Hacienda y Economía. Esto fue hasta 1986. A partir de entonces, pasó una década más ejerciendo la abogacía como especialista en Derecho Tributario, aunque en 1993 entró en el mundo de la banca como consejero de Caja Madrid. Pienso que, para que alguien con este pasado haya sido capaz de avalar semejantes despropósitos, debe hacerlo totalmente convencido de que le van a cubrir. Eso, o bien se pierde totalmente la razón y el sentido del equilibrio cuando se alcanza un puesto así, hipótesis no del todo descartable a la vista de otros casos ocurridos en el mismo sector.

El otro elemento que comentaba, la suerte, también juega un importante papel, aunque no lo parezca. A la vista de los ya innumerables casos de corrupción, malas prácticas y demás, protagonizados por quienes tienen y han tenido puestos muy relevantes, hay que suponer que habrían pensado algo así como: “a mí no me va a pasar nada”, o “a mí no me van a descubrir”. Seguramente, todos ellos debían dar por sentado que, quien en ese momento les respaldaba, les iba a seguir protegiendo indefinidamente. Pero he aquí la “mala suerte”, que llega en forma de persistente crisis económica, que está desatando la indignación social ante tantos casos flagrantes -sobre todo, protagonizados por banqueros y políticos-, y que con seguridad está destapando más asuntos turbios que en una situación de bonanza económica. De modo que, en todo este torrente de revelaciones, nos encontramos tanto hechos ocurridos en los últimos años, como otros que llevaban veinte años acumulando polvo sobre sí.

De todos modos, ya se sabe que la crisis no es igual para todos: el señor Blesa sólo pasó unas horas en prisión, quizá lo mínimo imprescindible hasta que se habilitó la posibilidad de abonar la fianza impuesta por el juez, se reunió el dinero necesario y se notificó formalmente el pago al juzgado. No me imagino al engominado personaje –uno más- durmiendo en una celda, sino más bien sentado en un sillón de alguna sala especialmente habilitada para periodos transitorios, como el que llevó a Soto del Real a este ilustre personaje.

Y termino con el último factor de la ecuación: el talento. Que estas personas, a quienes se tiene por figuras destacadas en los ámbitos político y económico, estén mostrando formas de proceder tan poco edificantes, debería hacernos pensar a todos. Desde luego, no parece que representen lo mejor de nosotros, pero tampoco tiene sentido pensar que representan lo peor. Seguramente, se encuentran en un término medio y representan bastante bien cómo funciona todo en otros ámbitos: una parte importante de nuestra sociedad –igual que una parte importante de las altas esferas- se dedica a explotar a toda costa los recursos que encuentra a su alcance, en beneficio propio, sin importar los perjuicios que pueda causar a la mayoría. Sálvese quien pueda.

martes, 30 de abril de 2013

Alfredo Sáenz y el diablo




La noticia que quiero comentar hoy tiene mucha relación con lo mencionado en mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí). Tiene un titular muy expresivo: “Banesto, origen y final de Alfredo Sáenz” (enlace aquí). El titular, buscando ser efectista, carece de rigor, al no considerar que el protagonista accedió a Banesto cuando su carrera profesional estaba más que consolidada. Para entonces, tenía 51 años, y ya tenía experiencia en rescatar bancos en crisis. Once años antes había sido encargado de una tarea similar, reflotar Banca Catalana -de la que llegó a ser presidente, como en Banesto- por encargo de la empresa que la había adquirido, el Banco de Vizcaya. Al mismo llegó en 1981, con 39 años, tras quince años de trabajo en el sector industrial, en la empresa Tubacex.

Las experiencias anteriores a Banesto debieron llenar de confianza a Sáenz, o quizá debieron hacerle plantearse algo en la línea del titular del artículo: “aquí puede empezar mi carrera como superestrella”. Sin embargo, hasta entonces, había logrado convertirse en un ejecutivo de prestigio, gracias a su exitosa intervención en Banca Catalana, a la que sacó de la ruina y la convirtió en el primer banco de Cataluña. Este trabajo le catapultó nada menos que a la consejería delegada del Banco de Vizcaya en 1988 –sólo por debajo del mítico Pedro Toledo- y a una de las vicepresidencias del nuevo Banco Bilbao Vizcaya -formado en 1989-, siendo propuesto tras la muerte de Toledo para copresidir el BBV junto a Sánchez Asiaín, anterior presidente del Banco de Bilbao y que copresidía el BBV junto a Toledo. Es decir, al comienzo de los años 90 nuestro protagonista ya se encontraba en la primera línea de la banca española –de ahí mi comentario sobre que Banesto no fue ni mucho menos su origen-. Pero, como he indicado en otras entradas de este blog, el ansia de poder de muchos seres humanos parece ser insaciable, y aquí tenemos otro ejemplo. Nuestro protagonista quería más. Quería ser superestrella, costase lo que costase.

En diciembre de 1993, el Banco de España intervino Banesto y nombró presidente a Alfredo Sáenz –quien dejaba transitoriamente Banca Catalana, de la que todavía era presidente, así como todos sus cargos en el BBV-. Poco después, decidió adjudicarlo al Banco Santander. En un golpe maestro, Emilio Botín consiguió que el Banco de España aceptase mantener como presidente de “su” Banesto a quien, tras lo comentado antes, era justamente la perla de la competencia. La nueva misión de Sáenz iba a ser la de reflotar Banesto, así como integrarlo en el Grupo Santander -por aquel entonces, Santander Central Hispano-.

Y he aquí, retomando el contenido de la noticia que estoy comentando, que nuestro protagonista decidió jugarse el tipo. Impulsó una política muy agresiva de recuperación de créditos impagados, llegando al punto de llegar a presentar denuncias falsas. La querella que le ha hecho dimitir ahora fue presentada en 1995 contra cuatro de los propietarios de una empresa catalana dedicada a los suministros industriales. Tras su experiencia en Banca Catalana, Sáenz conocía bien el entorno y tomó una decisión crucial: aquel caso debía ser ejemplarizante, para mostrar a todo el mundo lo que ocurría a quienes no cumplieran con el pago de las deudas a Banesto. Los cuatro acusados terminaron en la cárcel, sirviendo de cabeza de turco, aunque su paso por prisión fue efímero, ya que los ejecutivos disponían de bienes personales que fueron embargados. Sin embargo, lo que se ha demostrado posteriormente es que todo aquel plan se urdió con pruebas falsas y contando con la colaboración de un juez corrupto. Es decir, el plan debía salir adelante costase lo que costase. El estrellato estaba en juego; aquí fue cuando Sáenz vendió su alma al diablo.

Los condenados en aquel momento nunca renunciaron a vengar el atropello. Las reclamaciones judiciales les han ido dando la razón, primero en 2009 –Audiencia de Barcelona-, más tarde en 2011 –Tribunal Supremo- y finalmente en 2013 –de nuevo el Tribunal Supremo, anulando el indulto de 2011 del Gobierno-. A pesar de todo lo anterior, en la actualidad el balón estaba en el tejado del Banco de España, quien, tras una nueva Ley promulgada este año, puede decidir si mantener o no en el cargo a banqueros condenados, y justamente ahora estaba evaluando el caso de Sáenz. Es pronto para saber quiénes han influido en la decisión definitiva, pero por fin ha aparecido algo de sentido común y Sáenz ha terminado por presentar su dimisión. Debido a este asunto, ya en 2011 renunció a ser consejero de la filial del Santander en Reino Unido, probablemente a indicación de las autoridades británicas. La mano de Emilio Botín no llegaba tan lejos, al parecer.

En coherencia con lo que dicen los manuales del buen ejecutivo, su jefe, Emilio Botín siempre le ha defendido y ha dicho informalmente que Sáenz es uno de los mejores banqueros del mundo. Creo, sin embargo, que en su interior don Emilio es consciente de una cosa. Los altos ejecutivos, destinados a tomar grandes decisiones, no deben quedar en evidencia. Aunque los números del Grupo Santander con Sáenz al frente –ha sido CEO los últimos once años- son ciertamente espectaculares, cabe preguntarse si habrían sido similares con otra persona al frente. Es sabida la fama que siempre ha tenido Botín de mover a su antojo a sus directivos, dado que ha llevado una gestión muy personal del imperio Santander.

Volviendo al punto que me interesaba, hace casi veinte años, Sáenz vendió su alma al diablo. Como cabría esperar a consecuencia de ello, triunfó: ha sido uno de los ejecutivos españoles más reconocidos en el extranjero. Y también uno de los mejor pagados. Tanto, que la pensión que le corresponde al cesar en sus funciones corresponde a 88 millones de euros –muy superior al de su protector, que solamente percibiría 25,4 millones en caso de que se decida a dejar su Banco-. Sin embargo, ahora ha llegado el momento de rendir cuentas. El final de la película, sin duda, no es como el protagonista habría imaginado. Una dimisión con un borrón en su expediente como éste –una condena a seis meses de prisión y 100.000 euros de indemnización por acusación falsa y estafa procesal- no es un buen colofón a la carrera profesional de una superestrella de la banca.

martes, 16 de abril de 2013

Maduro, Capriles y el atentado de Boston

En esta entrada voy a hablar de dos noticias bien distintas, ocurridas en los últimos días en el continente americano. Ambas tienen relación con mi libro, Las aristas borrosas del éxito, disponible en Amazon (GRATIS durante esta semana, enlace aquí).

La primera de ellas es el desenlace de las elecciones presidenciales en Venezuela. Para alguien no muy familiarizado con los procesos electorales en ese país, lo cierto es que algunas de las prácticas llevadas a cabo sorprenden bastante. Por ejemplo, que uno de los candidatos emita un discurso por la televisión pública durante las votaciones. Parece ser que ha habido otras medidas más directas todavía, que pueden parecer más propias de una película cómica: cerrar antes de tiempo determinados colegios electorales, o permitir el acceso sólo a los militantes de un partido, o escoger la papeleta en compañía de un “asesor” perteneciente a cierto partido.

Sin embargo, todo lo anterior se queda en simples detalles, casi anecdóticos, frente a la principal medida, a la que se ha recurrido, no sólo en este proceso electoral, sino en otros muchos celebrados antes en otros países: la no realización del recuento detallado de votos. Esta expresión parece dar pánico a los proclamados vencedores en primera instancia, quienes en ningún caso admiten la medida. Por razones obvias: únicamente puede resultar peor para ellos. En este caso, a las pocas horas de finalizar las votaciones, el tribunal electoral nombró vencedor a Maduro –por muy escaso margen- y, a pesar de que el resultado no ha sido aceptado por su contrincante, quien ha solicitado el recuento detallado de los votos, a las pocas horas Maduro ha sido proclamado nuevo presidente para los próximos seis años. Nada menos. Todo ello, pese a la recomendación y ofrecimiento de apoyo de varios organismos internacionales para realizar el recuento detallado de votos.

Hay ejemplos recientes de otras elecciones en el mismo continente en el que se solicitó el recuento detallado y no se produjo –caso de México, en 2006- e incluso otros donde ha habido que recurrir a los tribunales: las elecciones en Estados Unidos, en noviembre de 2000, donde hubo que recurrir al mismísimo Tribunal Supremo, que decidió, más de un mes después de realizarse las votaciones, que no era necesario realizar un tercer recuento –éste manual- de los votos en el estado de Florida, como solicitaba la candidatura de Al Gore, al denunciar serias irregularidades. Debido a esta decisión, George W. Bush ganaba las elecciones por un margen de 531 votos en ese estado y, por extensión, la presidencia de los Estados Unidos. Aunque para ver la intervención de los tribunales en un proceso electoral no hay que irse tan lejos: en las elecciones de 2006 a la presidencia del Real Madrid, ganadas por Ramón Calderón, también fueron los jueces quienes decidieron que no se haría recuento del voto por correo –anulando el mismo- ante la denuncia del propio Calderón, que estaba basada en que no se garantizaba la autenticidad ni confidencialidad en esa modalidad de voto. Ramón Calderón había ganado en el voto presencial, como en todos los casos anteriores, por un escaso margen.

Todo ello nos lleva al mismo punto: la lucha por el poder es encarnizada y, en caso de darse situaciones ajustadas, no se duda en recurrir a cualquier maniobra –más o menos legítima- para decantar la balanza hacia el lado propio. Esclarecer los hechos parece ser irrelevante: lo que importa es hacerse con el poder, sea como sea.

Lo que me parece más curioso es que, en países que se consideran civilizados, y como tales se caracterizan por poseer un sistema democrático y unos tribunales que se encargan de preservar la justicia en torno al mismo, los hechos parecen demostrar todo lo contrario. Podemos ver en todos los ejemplos anteriores que la decisión definitiva no está encaminada a esclarecer los hechos lo máximo posible, sino a truncar ese proceso, dando la razón a una de las partes. Lo cual puede llevarnos a ver algún tipo de perversión en el modelo: quien tiene que tomar una decisión, no decide llegar hasta el final para que no haya dudas, sino que decide de una forma determinante, para que conste sin ninguna duda que ha decidido a favor de una de las partes. ¿Por qué actúa así? ¿Esperando, quizás, alguna recompensa posterior por parte de quien ha sido declarado vencedor? No olvidemos que, al frente de los organismos que deciden, por muy genéricos e impersonales, que parezcan, hay personas, que tienen nombres y apellidos, familiares, muchos gastos…

La otra noticia a la que quiero hacer mención es el atentado, uno más, que acaba de sufrir el país más poderoso del mundo, en el transcurso de la Maratón de Boston.

En el momento de escribir esta entrada, todavía no se conoce nada sobre los autores o sus posibles motivaciones. Solamente se sabe que han hecho explosión dos artefactos de fabricación casera, con un intervalo de doce segundos, y a unos cien metros de distancia entre sí, lo cual puede hacer descartar la opción  de que se trate de un perturbado, como los autores de tantas matanzas llevadas a cabo los últimos años en cines, escuelas, edificios públicos. La coordinación necesaria hace pensar en algún tipo de organización terrorista, aunque las investigaciones irán desvelando más detalles.

En cualquier caso, lo que me intriga es la capacidad de este país para generar y atraer hacia sí todo tipo de violencia. Lo hace en cantidades dramáticamente superiores a cualquier otro país "rico". Y no es algo que solamente veamos desde fuera: cada poco tiempo, se reaviva en el país la polémica sobre la tenencia de armas de fuego por parte de personas sin ninguna preparación, ni justificación aparente, más allá de la autodefensa. Sin duda, el uso de las armas de fuego es algo profundamente arraigado en la cultura del país, desde sus comienzos hace poco más de doscientos años, pasando por la época de la conquista del Oeste a lo largo del siglo XIX, y siguiendo por los  folclóricos -permítase la expresión- acontecimientos relacionados con la Ley Seca, y los gangsters, además de los incontables conflictos bélicos internacionales en los que se ha visto inmerso el país en el siglo XX y principios del siglo XXI. El tiempo dirá si esta nueva forma de absurda violencia ha nacido en el propio país o ha llegado desde fuera.

jueves, 14 de marzo de 2013

Bergoglio y Ratzinger: tan distintos, tan iguales


Resulta curioso comprobar, una vez más, que la realidad supera con creces a la ficción. En un asunto de alto secreto, como el cónclave mantenido días atrás en el Vaticano, a éste que escribe le resulta difícil no evocar las imágenes de alguna película. Hay unas cuantas películas bastante conocidas que reflejan las numerosas intrigas vaticanas. Intrigas, por otro lado, esperables en cierto modo, debido al inmenso poder que se concentra en ese pequeño estado.

En mi libro Las aristas borrosas del éxito (disponible aquí) se habla, entre otras cosas, de la gran capacidad de influencia que conservan en nuestros días las organizaciones religiosas. Esta semana leí en un artículo que la principal tentación a la que se enfrentaban los cardenales en este cónclave era la del poder. A la vista de los últimos nombramientos –el de Benedicto XVI y el de Francisco-, creo que sus eminencias han sucumbido en ambas ocasiones a la tentación, dando muestra de su humanidad. Vayamos por partes.

Los dos últimos cónclaves parecen haber seguido similares caminos. Unas primeras rondas de votaciones que sirven para tantear los apoyos de unos y otros y, una vez constatado que ningún candidato logra por sí solo la abrumadora mayoría necesaria –en este cónclave, con 115 cardenales, era preciso tener el voto de 76, nada menos-, entonces se opta por una solución equitativa: ya que ninguno de los favoritos consigue vencer con claridad, no será designado ninguno de ellos. El elegido será –ha sido, en ambos casos- aquél con mayor poder de arrastre de votos. A estos cardenales más influyentes se les ha denominado grandes electores, “king maker”, y otros apelativos similares. Quienes estaban en esa posición, es decir, Ratzinger en aquel momento y Bergoglio en estos pasados días, han utilizado su gran poder de influencia para llegar a la misma solución: “elegidme a mí”.

Juan Pablo II fue un Papa con un marcado perfil público. Viajero, emprendedor, valiente, fue un Papa misionero. Cuando falleció, la elección en el cónclave de Benedicto XVI se veía como un contrapunto, si bien no necesario, al menos admisible. Se trataba de un Papa mucho más reflexivo, menos dado a los actos públicos que su antecesor, y con un mandato previsto no muy largo –fue elegido con 77 años-. Cuando se lee el perfil que algunos diarios dan de este nuevo Papa –alguien culto, tímido, esquivo- da la impresión que el parecido en cuanto a personalidad con su antecesor es más que notable. Llama la atención que algún artículo lo defina como “anti-Ratzinger”, basando ese calificativo en argumentos como su sensibilidad con los pobres y visión progresista, además del hecho de ser hispanoamericano y jesuita, el primero en la historia que llega al papado. En mi opinión, algunos de estos supuestos resultan difícilmente justificables; respecto al calificativo de progresista, el mismo artículo resalta su contundente oposición al matrimonio gay y a técnicas como la inseminación artificial, además de ser conocida su tolerancia en el periodo de dictaduras militares que vivió Argentina. Respecto a su supuesta afinidad por los pobres, qué decir: los jesuitas han destacado a lo largo de la Historia justamente por lo contrario. Todo lo anterior, unido al hecho de que ya tiene 76 años –no es una edad en la que el ser humano se sienta generalmente muy progresista-, parece dejar bien claro que posee un perfil muy parecido al del anterior Papa. Y este perfil viene a ser todo lo contrario de lo que se pedía o se vaticinaba en estos días: que sería un Papa joven, renovador, enérgico, misionero. Algo no parece encajar en todo esto. Pero, en fin, tiempo al tiempo.

En la anterior entrada de este blog se hacía referencia a la pirámide motivacional de Maslow para asociarla a la expresión coloquial “pasar a la posteridad”, que siempre ha sido considerado lo máximo que puede lograr una persona. Al menos, una persona de las clases medias y bajas, es decir, más del 99% de la población. Sin embargo, pasar a la posteridad no parecía ser lo prioritario entre los papables en estas últimas semanas, dado su interés por aclarar diversas cuestiones concernientes a la vida vaticana como la situación del Banco Vaticano o la filtración de documentos confidenciales, conocida como Vatileaks, antes de iniciar el cónclave. Es posible que tanto remilgo ante una oportunidad única –acceder al papado- haya creado cierta división en la intención de voto de sus eminencias, y en medio del desconcierto ha aparecido quien, sin ser uno de los candidatos con más opciones -más bien lo contrario, por todo lo indicado en el párrafo anterior-, se ha llevado el gato al agua. Y ha hecho buena la tesis de Maslow, una vez más.

Hay que tener en cuenta una variable adicional, que no ha sido pasada por alto en los artículos posteriores a la elección. En el cónclave de 2005, una vez realizadas las primeras votaciones, Bergoglio, que era uno de los favoritos, optó por retirarse y, dicen que con lágrimas en los ojos, solicitó a sus afines que votasen a Ratzinger. Ocho años más tarde, éste decide abandonar y, contra todo pronóstico, el damnificado en 2005 parece cobrarse la deuda a la que se hizo acreedor en aquel momento. Como siempre, hay opiniones de todo tipo, pero un “Papa bueno” –como también se ha calificado a Bergoglio en algún artículo- podría haber instado a sus afines a elegir a otro candidato más idóneo. Incluso si, como se dice, la suya ha sido una solución intermedia entre el brasileño Scherer y el italiano Scola, el que ya es nuevo Papa podría haber usado su influencia para interceder por algún otro de los que se consideraban con opciones: el cardenal canadiense Ouellet, el austriaco Schönborn, o incluso el filipino, Tagle. Hasta el hondureño Maradiaga podía haber sido beneficiario de su influencia: en la actualidad tiene 71 años, también es hispanoamericano y también, como él, fue uno de los favoritos en el cónclave de 2005. Pero no. Su enorme influencia ha sido utilizada en beneficio propio, y esto, guste más o guste menos, es un hecho.

Vuelvo a la frase del comienzo: “el mayor enemigo en este cónclave es el poder”. El ansia de poder, tan inherente al ser humano, sin importar su condición, parece que siempre está detrás de todo. Qué hará el nuevo Papa con tanto poder en sus manos –por ejemplo, si acometerá o no la renovación tan reclamada por todos- está por verse. El tiempo dirá.

sábado, 9 de marzo de 2013

El nuevo papa, Urdangarín y la necesidad de trascendencia

A pesar de discutida, la teoría de Abraham Maslow sobre las necesidades/motivaciones humanas sigue siendo una referencia a la hora de estudiar las dimensiones del ser humano. Esta teoría ubica en lo más alto de la jerarquía la necesidad de autorrealización, relacionada con la necesidad de trascendencia -término éste más empleado en el ámbito de la filosofía-. En lenguaje más coloquial, lo anterior equivale a decir que pasar a la posteridad, dejar un legado que permita que el individuo pueda ser recordado, es lo máximo a lo que puede aspirar una persona.

Pero, como siempre, llegan los matices. Esta semana se publicaba que, tras la renuncia de Joseph Ratzinger al papado y la entrada de la Iglesia en Sede Vacante el pasado 28 de febrero, curiosamente, los cardenales encargados de elegir a su sucesor no tenían prisa por nombrar un nuevo Papa, sino que deseaban tener más información. En este artículo (enlace aquí) se detalla cómo los cardenales están dedicando estos días a conocerse, y a preparar de forma seria y en profundidad dicho cónclave. También habla de que muchos cardenales han manifestado su interés por conocer qué hay de cierto en las noticias sobre la publicación de documentos sobre intrigas y enfrentamientos en la curia vaticana. En mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí), se trata sobre las organizaciones religiosas y el poder que algunas de ellas ejercen en la sombra.

Resulta curioso tomar tantas precauciones antes de iniciar un proceso tan sencillo como éste y en el que, por otro lado, todo el mundo debería tener claro qué hacer. Es decir, cualquiera de los convocados debería tener claro por quién votar, al menos en la primera ronda. Y, respecto a los papables, también me parece sorprendente tanta prudencia. Para un religioso, más todavía cuando adquiere cierto rango, siendo nombrado obispo o cardenal, lo máximo debería ser llegar a lo más alto, en base a lo mencionado antes sobre esta necesidad humana de pasar a la posteridad. Una vez llamados a Roma, no parece justificada la espera de tantos días antes de comenzar las votaciones -el cónclave comenzará finalmente el día 12, tras casi dos semanas de Sede Vacante-. En estos tiempos, en los que ningún desplazamiento puede suponer más de 24h, y todos los cardenales estaban sobre aviso previamente, no parece razonable ni la tardanza de unos ni el ansia de debate de otros. Parece llamativo que muchos de los cardenales quieran dejar bien claras las cosas antes de empezar a votar; aparentemente, su intención debe de ser debatir primero sobre lo que va a encontrarse el sucesor de Benedicto XVI. De modo que pasar a la posteridad es atractivo, sí, pero depende. Por desgracia, este parece ser el signo de los tiempos, a la vista de otros ejemplos que voy a mencionar.

El más claro ejemplo de lo que estoy relatando es el de Iñaki Urdangarín. Sobra dar referencias a noticias sobre él, ya que las lleva habiendo todos los días desde hace muchos meses. Tratándose de un deportista de élite que, una vez retirado, contrae matrimonio con la hija del Rey, y se convierte en Duque de Palma, todo indicaría que habría triunfado en la vida, y estaría en la cumbre de la pirámide social. Habría logrado trascender, y pasar a la posteridad, no sólo como un plebeyo destacado por su actividad deportiva, sino también por formar parte de la nobleza más elevada en nuestro país, la vinculada a la Casa Real. Pero todo lo anterior no le debió de parecer bastante, y quiso aprovechar las facilidades que le proporcionaba su nueva posición social para hacer contactos entre la clase política y empresarial de nuestro país, de cuya poco ortodoxa forma de proceder he hablado largo y tendido en otras entradas de este blog. Hasta ahí, la cosa podía parecer razonable, ya que sólo demostraría ambición y ganas de prosperar aún más económicamente. Pero, a la vista de los hechos, puede concluirse sin dudar que la aventura se le fue totalmente de las manos. El caso Palma Arena, por el cual Urdangarín está encausado, incluye los cargos de malversación, fraude, prevaricación, falsedad y blanqueo de capitales. Algo nada extraño teniendo en cuenta los personajes con los que ha hecho sus negocios.

La frase anterior nos lleva, irremediablemente, a pensar en los políticos. Quien accede al puesto de alcalde en su ciudad o pueblo, y más aún quien llega a presidente de su comunidad autónoma o, incluso, a ministro o a presidente de un gobierno, indudablemente ha logrado pasar a la posteridad. Pero, ¿qué ocurre entonces? ¿Se dedica a ejercer su cargo de la mejor forma posible, o en su lugar, se dedica a intentar enriquecerse por encima de toda ética? Pues, en nuestro país, en cientos de casos -no querría decir miles-, ocurre algo parecido a lo que ha ocurrido con Urdangarín. La persona en cuestión parece otear el horizonte desde su nuevo trono, no satisfecho con el mismo, buscando algo mucho más básico, el dinero -para él, y para sus familiares/empresarios afines-..

En vista de todo esto, quizá habría que replantearse la famosa pirámide de necesidades con la que comenzaba esta entrada. En vista de que tantos poseedores de éxito, respeto y alto nivel social, parecen despreciar todo lo que tienen en favor de hacerse con un buen puñado de dinero -o de más poder, ya se sabe que a veces es equivalente-, habría que plantear de otra forma las necesidades humanas. Sobre todo, en lo concerniente a pasar a la posteridad. A la vista de los hechos, este concepto ya no es, ni mucho menos, lo que era.

miércoles, 20 de febrero de 2013

Esos nuevos predicadores dominicales


Los vemos cada fin de semana en televisión acaparando, casi invariablemente, la portada de los informativos nacionales –sobre todo, los de mediodía-. Nos hablan encaramados a un púlpito diferente cada día y, en periodos de campaña electoral, a uno por la mañana y a otro –o varios- por la tarde. Ejercen una labor que históricamente ha estado reservada a otros y que ahora, ellos, aprovechando el altavoz inmejorable que suponen las televisiones, se han apropiado: predicar al pueblo. No es casualidad que nos martilleen sin cesar, desacreditando a sus rivales políticos, e intercalando consignas sobre lo bien que lo están haciendo –si están en el poder- o lo bien que lo harían –si lo estuvieran-. Su prédica dominical está justificada, como vamos a ver a continuación.

En mi libro, Las aristas borrosas del éxito (enlace aquí) se habla de la decisiva influencia que tienen los políticos en la marcha de las grandes corporaciones. En realidad, su influencia se ejerce sobre toda la sociedad. La extensa red de cargos públicos –municipales, regionales, estatales y supranacionales- ha concentrado el poder de decidir sobre casi todo, de forma directa y, sobre todo, de forma indirecta, legislando. A nadie se le escapa el gran impacto que tienen sobre nuestra vida diaria, por poner algunos ejemplos, los cambios en los impuestos, en la normativa laboral, en la privatización o nacionalización de empresas, y en la aprobación de nuevas infraestructuras.

Como nada en esta vida es perfecto, los políticos acumulan un gran poder –el poder que dan decisiones como las anteriores-, pero tienen a su vez una necesidad muy básica, que comparten con el resto de los mortales: necesitan financiación. Es decir, necesitan mucho dinero, para organizar los múltiples eventos, muchos de ellos multitudinarios, con los que sistemáticamente somos bombardeados en los informativos a los que antes me refería. Como ha quedado especialmente patente en estos días, los pocos minutos –a veces, segundos- a los que queda reducida en los informativos la intervención de alguno de estos predicadores lleva mucho más por detrás. Sobre todo, muchos gastos: el alquiler de un espacio con capacidad suficiente para albergar el congreso-reunión-mitin en cuestión, la estancia en el hotel –que suele ser de lujo- de una o varias noches para los participantes, las comidas en estupendos restaurantes, y hasta los viajes deben ser sufragados. Si consideramos que todos los sábados y domingos casi sin excepción hay un evento de este tipo, nos encontramos con cien actos al año. Y esto, sólo para los grandes líderes; si vamos bajando en la escala, pasando por los actos de los líderes regionales y los de los líderes locales, junto con los de las nuevas generaciones, la cantidad de eventos se multiplica. Por ello, como es fácil entender, los partidos necesitan mucho dinero. Además, hay que considerar los mastodónticos gastos que supone una campaña electoral: al frenesí de actos públicos como los mencionados antes hay que añadir la publicidad en todos los medios de comunicación –prensa, radio, televisión-, la publicidad estática en calles, en autobuses, la emisión de folletos, etc. Comparado con esto, los pequeños gastos correspondientes al sueldo que se abona a cargos del partido que perciben un sueldo exclusivo de éste, o en caso de cargos públicos, en forma de complemento adicional a su salario como cargo público, representan cantidades mínimas. También resultan casi despreciables las cantidades que se abonan a miembros del partido en concepto de ayuda por sufrir alguna situación extraordinaria –por ejemplo, a los afectados por un accidente sin derecho a indemnización, o por otra causa sobrevenida que pueda dañar su salud o sus propiedades-. Aunque está claro que son gastos que van sumando, además de los gastos por alquiler de los inmuebles habituales –sedes del partido en pueblos y ciudades-. Podemos ver de todo lo anterior que un partido político necesita recursos económicos en abundancia.

Alguien podría decir que estoy olvidando un punto clave: los ingresos. Todas las formaciones políticas reciben unas importantes subvenciones públicas anuales –unos 50 millones de euros recibieron entre los dos principales partidos en 2012- y, extraordinariamente, reciben ayudas en los periodos electorales para compensar sus gastos. Por otro lado, los afiliados a los partidos políticos también abonan cuotas periódicas por su afiliación a los mismos. Haciendo un ejercicio que considero optimista, podría considerarse que un partido político mayoritario podría disponer de un presupuesto de unos 50 millones de euros.

A nadie que se sienta capaz de hacer unos sencillos números se le escapará la insuficiencia de un presupuesto como el anterior para sufragar los gastos de diversa índole ya mencionados. Estamos hablando, según lo dicho antes, de organizar más de un millar de eventos al año. Además, como suele ocurrir con otras entidades colectivas –ayuntamientos, gobiernos regionales, estados y hasta equipos de fútbol-, el criterio habitual parece que no es gastar de forma proporcionada a lo que se ingresa, sino el contrario: gastar todo lo que se considera necesario, aunque los ingresos sean menores, y anotar la diferencia en el capítulo de deuda. Deuda pública, en el caso de instituciones públicas, y deuda con los bancos en el caso de los equipos de fútbol y de los partidos políticos. No es nada nuevo escuchar que tal o cual entidad bancaria ha condonado la deuda de muchos años a algún partido político.

Pero a lo que iba es a que el dinero recibido por vía ordinaria, por mucho que pueda ser, siempre parece poco. Hace falta más. Y aquí es donde entran los otros grandes financiadores: las grandes empresas, que a su vez son las principales beneficiadas de las medidas que promulgan los gobiernos municipales, regionales y nacionales, y devuelven a sus benefactores en forma de donaciones “desinteresadas” una parte de lo recibido. Hasta aquí todo podría parecer casi inocuo, si no fuera porque se puede reformular de otra forma: anticipando cuantiosos donativos a su partido político, estas grandes corporaciones pueden adquirir autoridad a la hora de reclamar a los gobernantes que se satisfagan sus intereses. Ocasiones no van a faltar: como mencionaba al principio, es tal la diversidad de ámbitos en los que los políticos toman decisiones, que se puede decir que hay mucho dinero para repartir –adjudicar-, que sólo está esperando a que alguien lo recoja.

Volviendo al asunto que origina esta entrada, detrás de los sermones, arengas, o discursos que nos llegan casi a diario –pero, principalmente, los fines de semana- yo escucho siempre la misma palabra subyacente: “votadme”. No es algo trivial, aunque pueda parecerlo a estas alturas. Es justamente la parte que falta para cerrar el círculo, y la que justifica que todo lo anterior sea así. Sin los votos, los políticos no tendrían ningún poder, y no podrían influir en forma de adjudicaciones a las grandes empresas, las cuales ya no realizarían generosas donaciones. Una cuestión importante, que merecería la pena analizar en detalle, es qué parte de los votos que recibe un partido son motivados por la persona en sí, y qué parte son los que se realizan en general, independientemente de la persona o personas que representen al partido en unas elecciones. Dado que en nuestro país los candidatos que figuran en las listas de un partido político son elegidos por los miembros del propio partido, y no por los ciudadanos –que sólo eligen entre listas ya cerradas por cada partido-, este punto ha sido fuente de debate en los últimos meses. El hecho de que las listas sean cerradas justifica, además, que en los partidos políticos proliferen los actos internos de todo tipo, y la abundante asistencia que muestran por parte de sus miembros, ya que constituyen excelentes oportunidades para promocionarse, más allá del trabajo en las oficinas del partido o en el cargo público que se ostente.

Como los expertos en publicidad conocen de sobra, cuanto más se muestra el producto y más veces se escucha el mensaje que lo acompaña, más probable es que se acabe comprando el producto. Por ello es por lo que nos vemos bombardeados sin pausa por estos personajes. En tiempos como los que corren, con multitud de casos de corrupción que se suman a una lista que parece no tener fin, parecería apropiado que abandonasen por un tiempo la autopromoción televisada, ya que su imagen queda inevitablemente asociada a estos extraños hechos. ¿Por qué no se alejan por un tiempo de la primera línea? Publicidad manda.