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jueves, 20 de diciembre de 2012

Esto es lo que hay

La entrada de hoy está inspirada por esta noticia (enlace aquí). Su título: "Falciani, la garganta profunda que amenaza a los defraudadores españoles". Para quien no reconozca su apellido, este señor trabajó como informático en el banco suizo HSBC y un día decidió dejar de trabajar en él, llevando consigo los datos de 130.000 clientes -o defraudadores en sus países, según se quiera ver-. Y, como indica el artículo, su caso se va a convertir en una paradoja judicial de consecuencias difícilmente previsibles. En Suiza, este hombre está acusado de unas cuantas cosas nada leves: robo de datos personales, vulneración del secreto comercial y violación del secreto bancario. De ahí que, desde su detención en Barcelona en julio pasado, ese país haya reclamado insistentemente su extradición.

Cuando el que escribe era pequeño, pensaba en Suiza como en un país tranquilo, donde la gente se dedicaba a hacer relojes y sobre todo a producir queso y chocolate con leche, ya que se trataba de un país montañoso en el cual las vaquitas campaban a sus anchas. Siendo cierto todo lo anterior, creo que no describe mínimamente la realidad del país. Sobre todo después de 1934, cuando decidieron implantar el secreto bancario, y adoptar otras medidas que convertían al país en paraíso fiscal. Parece que han espabilado bastante, porque en un mundo como el de 1934, en el que el comercio a nivel mundial de todo tipo de mercancías -más o menos legales- generaba incontables sumas de dinero, ellos empezaron a acoger a todos aquellos interesados en tener su dinero oculto. Con lo cual, como es obvio, el dinero ha llegado desde entonces -y sigue llegando- a espuertas. En esta otra noticia (enlace aquí) se indica que el 27% del dinero "sin control" del mundo acaba en Suiza. No está nada mal, ¿verdad?. Desde la ignorancia, uno se pregunta: y los incontables organismos de control europeos y mundiales, ¿permiten que alguien se autoasigne ese privilegio? Y, sobre todo: ¿a cambio de qué?

En 2009, uno de los principales bancos suizos (UBS) rompió su intocable secreto bancario, entregando a los Estados Unidos de América un listado de 250 ciudadanos americanos, bajo amenaza de suprimir las oficinas de UBS en el país americano. Pero no es la última maniobra extraña en la que se ha visto envuelto UBS: esta misma semana (enlace aquí), el banco ha acordado pagar nada menos que 1.150 millones de euros como compensación por haber manipulado el libor -el índice británico equivalente al euríbor-. Este caso se une al del banco británico Barclays, que también pagó recientemente 400 millones a cambio de cerrar el caso, algo parecido a lo que ahora hace UBS. Aquí, para el que quiera consolarse, puede verse cómo las malas prácticas y el engaño no son exclusivas de los países latinos como España, Italia y Grecia, sino que parecen estar bastante extendidas en este mundo "civilizado" que tenemos.

Volviendo a la noticia sobre Falciani, parece que a cambio de obtener su libertad provisional, ha revelado a las autoridades españolas los nombres de 659 españoles con cuentas en Suiza. Y parece ser que dispone de bastante más información. Los nombres de 1.500 españoles, que tendrían 6.000 millones de euros ocultos al fisco, estarían en poder del francoitaliano, quien como ya he mencionado dispone de los datos de 130.000 millonarios con poco interés por pagar sus impuestos en el país en el que residen. Probablemente, estas personas se quejarán en voz muy alta por la baja calidad, o la escasez, de cualquiera de los servicios públicos del pais, región o ciudad en la que viven: transportes, infraestructuras, sanidad... Como suele ocurrir, quien más protesta es quien menos motivos tiene, o menos legitimado está para hacerlo.

Esta semana también se ha podido leer en la prensa que el famoso arquitecto Santiago Calatrava ha decidido seguir los pasos de muchos de esos ciudadanos de pro, y ha domiciliado en Zurich su sociedad de inversión, beneficiándose así de una fiscalidad muy ventajosa. Como él, tantos otros, grandes beneficiados en la época de abundancia económica, ahora que la situación ha pasado a ser complicada huyen con todo su dinero intacto. "Que paguen los tontos", deben de pensar. Y mientras, los tontos, seguimos pagando. Y seguiremos pagando mucho tiempo, me temo. Esto es lo que hay.