Google+ Followers

sábado, 13 de octubre de 2012

Decidir - No decidir

Hoy me ha llamado la atención una noticia antigua, de esas que aparecen como "noticias relacionadas", junto al cuerpo de otra noticia. La noticia en cuestión es del 3 de septiembre (enlace aquí) y que decía, a principios de septiembre, que estábamos ante dos meses decisivos para el euro, en referencia a la crisis financiera que afecta a Europa y, sobre todo, a los países con problemas de deuda. La idea es que, una vez finalizado este periodo, debe estar claro si las instituciones deciden apostar por la unión bancaria y el resto de mecanismos -compra de deuda de ciertos países- asociados a la definitiva unión financiera europea, o bien se mantiene la dinámica actual de decisiones aisladas, que supone que cualquier día podría dejarse de ayudar a los países más necesitados, como Grecia -que ya ha recibido varios tramos de ayuda-, España e Italia.

En apoyo del planteamiento, la noticia incluye una detallada agenda de reuniones a celebrarse en septiembre y octubre, entre ministros de Finanzas, presidentes de bancos centrales, jefes de estado y de gobierno, etc., y que deben servir para aclarar la situación descrita anteriormente. Por cierto, en la agenda se incluye el hito de la comunicación de la auditoría del sector bancario español, y se avanza que el ministro de Economía -la noticia es del 3 de septiembre- ha dicho, en una entrevista al International Herald Tribune, que las necesidades de la banca española, serán de unos 60.000 millones de euros. Vaya, qué puntería: el 28 de septiembre -es decir, prácticamente un mes después- los prestigiosos auditores hacían público que las necesidades de financiación de las entidades españolas eran de 59.300 millones euros. Lo lógico es que un mes antes -cuando el ministro hacía pública esa estimación a alto nivel- los auditores debían estar trabajando a toda máquina, y no disponer de ningún dato definitivo. Pues bien, el 23 de agosto -esa es la fecha de la entrevista del Herald Tribune- la cifra ya estaba más que cerrada, sólo faltaba ponerle el lacito y presentarla a los medios. Para no repetirme, remito a mi entrada anterior, "El apasionante mundo de los números".

Sin embargo, lo que me interesa de la noticia vuelve a estar relacionado con los directivos y los políticos, que son el objeto de mis anteriores entradas. En estos momentos, se han celebrado la gran mayoría de las reuniones que citaba el artículo, salvo la cumbre de jefes de estado y de gobierno de la UE, a celebrar en Bruselas la semana próxima. Y bien, hasta ahora, en este mes y medio, ¿ha habido algún avance significativo, o alguna decisión fundamental como indicaba el artículo que era necesario?

Para mí, la respuesta es no. Ha habido, sí, muchas reuniones entre líderes políticos, con sus posteriores rueda de prensa, en las que los participantes se han dedicado a lanzar mensajes de buenas intenciones de cara al futuro, y a expresar la necesidad de que sus países sigan cooperando, o de seguir la línea vigente, o cambiarla, o cualquier otra cosa. Palabras, palabras, palabras, y ninguna decisión. La especialidad de los políticos, por otra parte: hablar mucho, y tomar las decisiones mínimas, para evitar que puedan volverse en su contra.

Y esto me ha recordado a algo que he visto esta semana en otro ámbito no público. Se celebraba una reunión de ejecutivos de dos departamentos de una gran empresa. Como los encuentros bilaterales entre países, estos directivos mantienen una reunión periódica -mensual o, a veces, bimestral- para tratar asuntos de relevancia, a las cuales asisten también los directivos que ambos tienen por debajo. Es decir, un encuentro bilateral -interdepartamental, en este caso- en toda regla. Al día siguiente de la reunión, el que suscribe preguntó a uno de los asistentes por las conclusiones de la reunión en cuanto a varios asuntos sobre los que había que decidir, ya que había un conflicto de intereses entre ambos departamentos. Estos temas se encontraban en la presentación-agenda de la reunión, aunque parece ser que eso es totalmente irrelevante. La respuesta fue: "sobre el primero, no se dijo nada; para el segundo, no hubo tiempo". Es fácil adivinar mi cara de estupor tras la respuesta. Y después, pensé, como ya he dicho otras veces en este blog, que los directivos tienen pánico a la toma de decisiones. Sobre todo, si estas decisiones pueden suponer un conflicto con otros departamentos. Es más cómodo no hacer nada, y esperar que, si el tema se va convirtiendo en más y más grave, suba al nivel superior con el tiempo. En este caso, el nivel superior es el último, es decir, el CEO de la corporación. Sin embargo, estoy convencido de que será así: nadie hará nada sobre estos dos asuntos, hasta que la necesidad sea acuciante y haya que escalar hasta el último nivel. Además, siempre existe la posibilidad de que en los niveles inferiores vayan manejándose como puedan con la situación disfuncional, como lo han hecho hasta ahora, ¿no?

Es fácil ver la analogía: los directivos, como nuestros líderes políticos, se reúnen con unos y otros, a veces de forma interminable, durante horas y horas, mostrando su dedicación a su puesto. Y, como consecuencia de todo ello, ¿qué produce? Una reunión entre los que están más arriba en el escalafón debe servir para algo más que verse las caras, saludarse y comer juntos. O, quizá, eso pensamos ingenuamente los de abajo.

Hoy leia una de esas frases típicas que circulan por todos los rincones de Internet, que dice que cuando alguien quiere hacer algo, encontrará la forma de hacerlo; y si no quiere hacerlo, encontrará las excusas necesarias.

Mi libro, Las aristas borrosas del éxito (disponible en Amazon) habla de los intereses que a menudo aparecen ocultos en las grandes corporaciones empresariales.